Martes 6 de octubre 2026.


Para estudiar del 4 al 10 de octubre de 2026.

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
El v.3, muestra el sufrimiento del salmista. Mientras clamaba a Dios sin respuesta, sus enemigos lo cuestionaban: ¿Dónde está tu Dios? Ante esta agresión a su fe sus lágrimas fueron su sustento. El pan es sinónimo de alimento que necesita el cuerpo. El alimento nutre y da energías. Llorar confortaba el corazón del salmista. Llorar libera el alma, expulsa la tristeza, sacude el dolor y devuelve el gozo y la paz interior. Salomón escribió: “Mejor es el pesar que la risa, porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón”. Ecl. 7:3.

4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
El remedio para la tristeza es la alegría. La tristeza hay que expulsarla del corazón. El Predicador dijo: Todo tiene su tiempo (Ecl. 3:1), hay tiempo de reír y tiempo de llorar (Ecl. 3:4). Lejos de Dios somos como las ciervas que braman por las corrientes de las aguas. (Salmo 42:1) Cerca del “Dios vivo” nada nos faltará (Sal. 23:1). En tu presencia (expresó David) hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre” (Sal. 16:11). El salmista añora los viajes felices a Jerusalén, cuando acompañado de la multitud entre voces de júbilo y alabanza ascendía al Templo a adorar.

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