Jueves 24 de septiembre 2026.


Para estudiar del 20 al 26 de septiembre de 2026.

11 “Jehová, no retengas de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. 12 Porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.”
Los versículos 11-12 muestran un cambio emocional, el salmista pide a Jehová que no lo abandone, porque se siente solo; rodeado de males, acosado por la culpa, y no puede ni siquiera levantar la cabeza. La experiencia del salmista muestra lo frágil que es la naturaleza humana. En los versículos 9-10, David se muestra feliz alabando a Dios, pero en el v.11, se muestra triste, culpable, deprimido y con el ánimo por los suelos. Con mucha razón Jesús dijo: “… El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mi nada podéis hacer”. Jn. 15:5.

13 “Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme. 14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para destruirla. Vuelvan atrás y avergüéncense los que mi mal desean; 15 Sean asolados en pago de su afrenta Los que me dicen: ¡Ea, ea!”
David escribió: “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza y no mira a los soberbios …” (Sal. 40:4), pero en el v.13, parece decir otra cosa ¿Por qué pasa esto? El pecado es como la mala hierba, sino la arrancamos de raíz, vuelve a retoñar. El miedo, la culpa y la ausencia de fe son consecuencia del pecado. El salmista tenía enemigos reales que buscaban destruirlo, y David sabía que, si Dios lo protegía, serían avergonzados al no poder cumplir su propósito. Aunque algunas veces el salmista se muestra cambiante, él fue recurrente en buscar siempre la ayuda en la Providencia.

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