Viernes 26 de junio 2026.


Para estudiar del 21 al 27 de junio de 2026.

9 “Jehová ha oído mi ruego; ha recibido Jehová mi oración”.
El orgullo dice: yo no le ruego a nadie, pero a Dios hay que rogarle y suplicarle de rodillas. El Eterno no da las cosas fáciles, sus promesas, aunque son fieles, hay que esperarlas. Dios le prometió un hijo a Abraham y se lo dio cuando este cumplió 100 años y su esposa 90 (Gen. 17:17). El salmista tuvo que pasar por un tiempo de espera y aflicción. “Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?”. La frase “hasta cuando” significa que Dios contesta las oraciones cuando Él quiere, y no cuando yo quiero. Después de pasar un tiempo de angustia y ruego, la oración del salmista fue recibida.

10 Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; se volverán y serán avergonzados de repente”.
David padecía una enfermedad mortal, así lo infieren los versículos 5 y 6 en donde suplica a Dios: “Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti, en el Seol, ¿Quién te alabará? Sal. 6:4-5). El salmista estaba al borde de la tumba, solo la mano de Dios podía rescatarlo. El ruego y la oración perseverante lo sanó, y David milagrosamente recuperó su salud; los que deseaban su muerte, estaban perplejos y avergonzados. El Sal. 6 debería proporcionar un consuelo especial a todo el que sufre por una intensa enfermedad física o mental. “La oración perseverante cambia las cosas”.

¿Por qué debemos rogarle a Dios?

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¿Por qué debemos esperar con paciencia lo que pedimos en oración?
¿Qué lecciones nos aporta el salmo 6?