Martes 21 de abril 2026.


Para estudiar del 19 al 25 de abril de 2026.

4  “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”
¿Por qué es bienaventurado llorar?
Jesús no se refiere a los que lloran por llorar, o los que lloran para manipular (lágrimas de cocodrilo), sino a los que lloran por causas justas. Llorar sana el alma, sobre todo cuando se hace con sinceridad en la presencia Divina por un dolor intenso que agobia y hace sufrir. O el llanto movido en solidaridad por alguien que está sufriendo. Ana fue al Templo a orar, y a llorarle a Dios (1 Sam. 1:10) porque era una mujer amargada (1 Sam. 1:10), “atribulada de espíritu”, y con una multitud de congojas y aflicciones (1 Sam. 1:15-16). Después de llorar mucho en el Templo (en la Casa de Oración) recibió el consuelo Divino. 1 Sam. 1:18. El lloro sincero recibe consolación.

5  Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”.
No te dejes, le dijo un padre a su hijo que fue golpeado por otro niño; le había dado un golpe en la cara… ve ahora – le dijo su padre enojado – y métele dos bofetadas. Las personas violentas aplican la ley del talión: “Ojo por ojo, y diente por diente” (Éx. 21:24). Moisés era un varón muy manso, más que todos los hombres que había en la tierra (Num 12:3), y por su mansedumbre, ahora está en los cielos (Mat. 17:1-8). Jesús enseñó: “39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Mat. 5:39. No es fácil ser manso, pero lo podemos aprender de Cristo que es manso y humilde de corazón. Mat. 11:29..

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