Martes 19 de agosto 2025.


Para estudiar del 17 al 23 de agosto 2025.

13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Tal vez el publicano se encontraba lejos del lugar en donde estaban los fariseos criticones, y la gente que lo menospreciaba. Él no podía orar como lo hacía el fariseo; presumiendo su comportamiento y buenas acciones, él no se sentía justo, más bien, fue al Templo a buscar el perdón de Dios. Los judíos oraban levantando los ojos al cielo, Jesús también lo hizo así. Juan 11:41 y 17:1. El publicano no pudo levantar los ojos, estaba avergonzado por su estado espiritual, él sabía que era pecador, por eso oró: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.  Propicio, del griego “hilaskomai”, significa: perdonar, mostrar misericordia, tener compasión.

14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Nadie puede declararse justo por sus obras cuando Dios mismo dice que nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia. La palabra justificado, traducida del griego; “dikaioo”, significa, absolver, declarar inocente, poner en libertad, limpiar de una transgresión. Moralmente, el fariseo tenía mejores obras que el publicano, sus acciones eran buenas, y las del publicano, tal vez no tan buenas, pero nadie debe declararse justo por sus buenas obras; es la justicia de Cristo la que nos justifica. Somos salvos no por lo que hacemos, sino por lo que Dios hizo por nosotros. El publicano se aferró a la justicia de Dios: “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9. 

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