Lunes 30 de marzo 2026.


Para estudiar del 29 de marzo al 4 de abril de 2026.

2 “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”.
Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán para ir a la tierra de Canaan (Gn. 12:4). El patriarca tomó a Saraí, su mujer, a Lot, su sobrino y a todo lo que poseía y se fue a la tierra de Canaán, su padre había muerto en Harán (Gn. 11:32). La promesa Divina: “Haré de ti una nación grande, te bendeciré y engrandeceré tu nombre”. Dios no bendice poquito; le dijo a un hombre viejo y sin hijos: te voy a hacer padre no de una pequeña familia, sino de una gran nación, además “te bendeciré”, esto significa, te haré próspero, es decir; no te quedes en Harán esperando la herencia de tu padre, no la necesitas porque yo me encargaré de ti. Dios se encarga del futuro de las personas que le obedecen, las engrandece y las hace fuente de bendición…

1 Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. 2 Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho”.
Abraham tenía cien años cuando nació Isaac, habían pasado veinticinco años de espera (Gn. 12:2-4, Gn. 21:5) y Dios creyó conveniente cumplirle al patriarca; aunque luego parece que se tarda. La demora desarrolla paciencia y fe en nuestros corazones. La paciencia es un fruto del Espíritu Santo (Gal. 5:22) el corazón que tiene a Dios, no se desespera, no duda, sino confía esperando. Fe es más que creer en Dios, fe es creerle a Dios y creer en sus promesas. “Es pues la fe la certeza de lo que se espera”, eso es fe, esperar, esperar y esperar, hasta que Dios responda. Las palabras “visitó Jehová a Sara como había dicho” y “e hizo Jehová como había hablado” muestran que al final, después de un tiempo de espera … Dios cumple, Él siempre cumple.

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