Lunes 23 de marzo 2026.


Para estudiar del 22 al 28 de marzo de 2026.

10 “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano”.
El lugar donde sucede el relato es el Templo de Jerusalén, el propósito original del Templo fue de “Casa de Oración”. Jamás debemos olvidar que el Templo antes que cualquier otro propósito litúrgico, es ser “Casa de Oración”. Un fariseo, según los Evangelios, hace cosas buenas (Mat. 23:23), pero es soberbio, criticón y arrogante (Luc. 18:11-12). El fariseo es guardador de la Ley, pero no lo hace por amor a Dios, sino por ego, por amor así mismo, para justificarse delante de Dios ¿Quién se podrá justificar delante de Él si aun nuestras justicias son como trapos de inmundicia? Isa. 64:6. Se obra no para salvarse, sino por amor a Dios. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Juan 14:15.

13 “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”
El fariseo no se equivocó, tampoco dijo una mentira, el publicano era un ladrón y pecador, el mismo reconoció lo que era, por eso, oró a Dios así: “Dios, sé propicio a mi pecador”. Si alguien desea ser justificado delante de Dios, no es alardeando lo bueno que es, sino aceptando quien es. El fariseo se justificó delante de Dios, el publicano confesó su maldad. La palabra griega para “propicio” es hilaskomai y se puede traducir como: Dios mío, ten misericordia de mí, o, perdona mi pecado.  El fariseo no recibió el perdón porque se constituyó juez. Pablo escribió: “…pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo”. Rom. 2:1b. El relato del publicano nos enseña cómo se justifica el hombre con Dios.

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