Viernes 9 de enero 2026.


Para estudiar del 4 al 10 de enero 2026.

32 “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.”
El grupo de los pecadores estaba integrado: por los publicanos, las rameras, y los gentiles (Lc. 15:1). Los pecadores eran todos aquellos que no obedecían la ley, o la conocían y no la guardaban. No tiene ningún mérito amar a los que nos aman, y tampoco hacer bien a los que nos hacen bien, no cuenta para Dios que tu ames a tu esposa, a tus hijos y a tus amigos, eso lo hace – dice Jesús – cualquiera, aun aquellos que andan en el camino de maldad.

35 “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos. 36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
El creyente ha sido llamado a hacer el bien. Pablo escribió: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos”. Gál. 6:9. El cristiano debe hacer el bien sin mirar a quien. El creyente no tiene enemigos, sino ve en cada persona un alma que necesita ser redimida por la gracia de Dios. Cuando hacemos el bien a nuestros adversos, lo debemos hacer no esperando que lo agradezcan, nuestro premio no está en esta tierra, sino en el cielo: y seréis llamados hijos del Altísimo, porque Él es benigno con los ingratos y malos. Nosotros debemos ser misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso.

¿Por qué no hay merito Divino en amar a los que nos aman?

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¿Quiénes son los pecadores del texto?
¿Por qué no debemos cansarnos de hacer el bien?
¿Por qué no debemos nada?
¿Dónde está nuestro premio?