Dios no nos ha prometido quitarnos la tentación y las pruebas, mas bien ha prometido guardarnos del mal. Jn. 17:15. Con demasiada frecuencia nos colocamos voluntariamente en el camino de la tentación. En verdad, el pedir que Dios no nos meta en tentación equivale a renunciar a nuestros propios caminos y someternos a los caminos que Dios escoja. Jesús dice: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Mat. 26:41..