Una consideración seria de este pensamiento impediría la forma frívola en la cual muchos contraen matrimonio, a veces con la deliberada intención de divorciarse si las cosas no salen como se esperaba. El propósito de Dios es que el matrimonio sea una unión de por vida; por lo tanto, toda sociedad que trata livianamente esta institución Divina lleva en su seno la semilla de la autodestrucción. La familia es la columna vertebral de la sociedad, ¿¡Cómo ser irresponsable con ella!? Cristo también desea que su unión con su pueblo sea eterna. (Juan 10:28–29).