Miércoles 11 de febrero 2026.


Para estudiar del 8 al 14 de febrero de 2026.

1  “Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.”
El apedreamiento de Esteban señaló el comienzo de una persecución organizada en contra de la iglesia. Después de haber llegado hasta el punto de matar a Esteban, los dirigentes judíos dieron rienda suelta a su ira; persiguieron a la iglesia. La frase “una gran persecución” muestra la violencia que los enemigos del Evangelio emplearon para maltratar a la iglesia de Jerusalén. La persecución sacó a los hermanos de su zona de confort y los obligó a cumplir su misión. La orden de Jesús fue: “me seréis testigo en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Hech. 1:8, pero con frecuencia olvidamos que fuimos adquiridos para anunciar el Evangelio de Aquel que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Ped. 2:9.

29 “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el Evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”
Todos los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el Evangelio. Hech. 8:4. Felipe, uno de los siete diáconos, llegó hasta Samaria; ciudad rival de los judíos, porque estos dos pueblos eran contrarios. Pero el Evangelio predicado con fe y amor es la Palabra de reconciliación (2 Cor. 5:19). En Samaria, Felipe hizo muchos milagros (Hech. 8:6-7), el Evangelio llevó gran gozo a aquella ciudad y muchos hombres y mujeres (no infantes) se bautizaban y se convertían al Señor Jesucristo. La predicación debe llevar fruto, se predica para transformar corazones y no para recrear oídos. Predicación sin transformación es inoperante.

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