Martes 2 de diciembre 2025.


Para estudiar del 30 de noviembre al 6 de diciembre 2025.

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”
¿Por qué no debemos amar al mundo?
Juan escribe a sus lectores las cosas que deben evitar, y lo hace de manera imperativa, “no améis al mundo”, dejen de amar al mundo. En primera de Juan el mundo es enemigo de Dios. En el Nuevo Testamento, “el mundo” con frecuencia representa a la multitud impía que excluye a Dios de su vida, o a las tentaciones que pueden llevarnos a pecar. Juan usa la palabra griega “kósmos”, que tiene varias acepciones: universo, la superficie de la tierra donde habita la humanidad, la gente, o los deseos carnales que pueden apartarnos de Dios. Juan afirma: Que no se puede amar a Dios y al mundo, si alguien lo hace, pierde el amor del Padre.

16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
El mundo busca darle placer al cuerpo, deleitar los ojos, y satisfacer el ego. La palabra griega “sarx”, se traduce como “carne”, y se puede referir al cuerpo, a la masa corporal, pero también a los apetitos carnales; a las ansias de darle al cuerpo todo el placer que pide. Los deseos de los ojos aluden a la codicia y al deseo de poseer todo lo que ellos observan. La vanagloria de la vida se refiere al orgullo, a la soberbia, a la jactancia propia, y al alarde de uno mismo. Estos tres deseos no provienen de Dios, sino del mundo. Aunque se alcance todo lo anhelado, son logros pasajeros que no satisfacen, pero el que obedece a Dios, vivirá feliz la eternidad. ¿Qué prefieres, un disfrute temporal, o una felicidad eterna?

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