Jueves 12 de febrero 2026.


Para estudiar del 8 al 14 de febrero 2026.

13 “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
“Vosotros sois la sal de la tierra”. Estas palabras están dirigidas a los doce discípulos y por extensión a todos los lectores de Mateo. La sal era usada para conservar la carne, también era usada como saborizante, una comida sin sal es insípida y no gusta al paladar. La sal se recogía en las costas mediterráneas o en el mar Muerto; por la forma en que se recogía, quedaba bastante impura y al humedecerse la sal (por ser muy soluble en el agua), se desvanecía perdiendo así sus propiedades. El creyente es la sal de la tierra, porque al anunciar el Evangelio puede salvar vidas de la corrupción del pecado. Al dejar de predicar la Palabra, se desvanece y deja de ser sal de la tierra.

14 “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa”.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Por muy oscura que esté la noche, una pequeña chispa de luz brilla en la densa oscuridad. Donde quiera que llegue la luz, se disipan las tinieblas. Una ciudad que se construye sobre un monte (cerro) es visible para todos. Una luz que se pone sobre el candelero, alumbra a todos los que están en casa. La Biblia es la Lámpara que debe alumbrar cada vida, cada hogar, y cada rincón de la tierra. La luz del creyente, no solo son palabras, sino buenas obras. “Así alumbre “vuestra luz” delante de los hombres, es decir – la luz de cada creyente, para que la gente vea que no solo hablamos la palabra, sino que la obramos. Una vida así glorifica a nuestro Padre que está en los cielos. Mat. 5:16.

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