27 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Introducción.
Con frecuencia la vida interior carece de paz. En cierta ocasión al preguntarle a un hombre que es lo que más deseaba en la vida, gritó desesperado: “Yo quiero paz, porque soy un volcán en erupción”. Millones de personas buscan la paz, la paz que calma las tormentas del alma, la paz que trae felicidad. La falta de ella es debido a muchos factores, pero la calma llega y la tormenta cesa cuando permitimos que Jesús, el príncipe de paz (Isa. 9:6) tome el control de la vida y diga al viento que azota nuestra barca: ¡Calla, enmudece! (Mc. 4:39). Esta semana estudiaremos con la ayuda de Dios acerca de la paz interior; como detectar y vencer al enemigo que la roba.