Miércoles 9 de septiembre 2026.


Para estudiar del 6 al 12 de julio de 2026.

5 “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah“
¿A quién declaró el salmista su pecado?
La palabra “declarar” en la lengua hebrea es “yada” y se traduce como: saber, conocer, reconocer, declarar y descubrir. Lo que el salmista quiso decir a Dios es lo siguiente: “El pecado que me atormenta lo expuse claramente ante ti, no te encubrí ningún detalle, reconocí mi culpa y acepté mi castigo”. Porque todo pecado cometido recibe su justa retribución. David sabía que el sufrimiento lo ocasiona el pecado no resuelto, por eso dijo: “Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tu perdonaste la maldad de mi pecado”. Según David, hay varias cosas que no se deben atesorar en el alma; pecado, iniquidad, y transgresión.

6  “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas él”.
David deja de hablar de sí mismo (Sal. 32:5), y comienza a hablar “de todo santo”. Al que le ha sido perdonada la maldad de su pecado y ha sido santificado; debe dedicarse a una vida devocional de oración. El santo no está exento de pruebas, problemas y tentaciones; la oración es el recurso espiritual para buscar la fortaleza Divina, y para contener “la inundación de muchas aguas” que son símbolos de los obstáculos y oponentes que pertenecen a las fuerzas del mal; con la consigna de hacer pecar (caer, o resbalar) a los santos.

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