Lunes 10 de febrero 2026.


Para estudiar 8 al 14 de febrero de 2026.

8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo”.
Antes de partir a la casa del Padre, Jesús se le apareció durante cuarenta a días a sus discípulos; hablándoles acerca del reino de Dios. Hech. 1.3. Les dijo que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre (Hech. 1:4). La promesa es el bautismo del Espíritu. ¿Cómo podían los discípulos convencer a la gente que había rechazado y aprobado la crucifixión de Jesús? ¿Cómo esparcir el Evangelio con éxito en un mundo idólatra y permeado por la filosofía griega? Era necesario el “dúnamis” del Espíritu Santo (poder, de la palabra griega “dúnamis”, fuerza, capacidad, dinamita), o el poder sobrenatural del cielo.  Jesús dijo: “Y cuando el venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn. 16:8). Sin el Espíritu Santo estamos destinados al fracaso.

8 “… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Testigos, de la palabra griega “mártus”, el que corrobora o puede ratificar lo que él mismo ha visto u oído, o sabido de cualquier otra manera. La palabra testigo es recurrente en el libro de los Hechos. Y los discípulos como “testigos de Cristo” eran los encargados de anunciar que Jesús era el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.  Debían proclamar a los cuatro vientos la mesianidad de Cristo, predicar de su muerte, resurrección, ascensión y de su pronto regreso. Predicando primero en Jerusalén, luego en Judea, después en Samaria y así llegar hasta lo último de la tierra. Jerusalén significa su hogar, Judea su familia, Samaria sus enemigos (Jn.4:9, judíos y samaritanos no se trataban) y lo último de la tierra incluye a todas las personas.

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