Cuando reflexionamos en la vida de José y observamos el dolor que le causaron sus hermanos: Lo despojaron de su vestido que le había comprado su padre, lo echaron en una cisterna para matarlo, después, lo vendieron a una compañía de mercaderes nómadas quienes lo vendieron a Potifar, oficial de Faraón. José tenía suficiente motivo para odiar a sus hermanos, pues lo separaron del amor y la protección de su padre. Después, estuvo en la cárcel por una calumnia, pero salió de ahí para convertirse en el gobernador de Egipto. Cuando se volvió a encontrar con sus hermanos; con todo el poder político que ostentaba, él pudo vengarse de ellos, pero las almas limpias y puras no se contaminan con el lastre de la venganza.
Lc. 6:27-31.
Jesús dijo: “27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.