Lunes 5 de enero 2026.


Para estudiar 4 al 10 de enero de 2026.

67 “Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.”
Después que el sumo sacerdote rasgara sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! Y condenara a Cristo a la muerte (Mt. 26:65-66), le escupieron el rostro, le dieron un puñetazo en la cara, y lo abofetearon hasta romperle la boca. Mt. 26:67. Jesús no se quejó, ni maldijo a sus agresores: “quien cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. 1 Pedro 2:23. No debemos aborrecer a los que nos maldicen, más bien, debemos bendecirlos.

28 “y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de Él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.”
Lo desnudaron, lo expusieron sin ropa al público, le pusieron una corona de espinas que taladró sus sienes; y su rostro se le llenó de sangre. Se burlaron del Él vistiéndolo como un rey, diciéndole: ¡Salve, Rey de los judíos!  Luego le escupieron en la cara y comenzaron a golpearle con un palo en la cabeza, todo esto le hicieron al Señor Jesús y no respondió palabra.

34 “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.”
El odio no es compatible con un corazón bueno como el de Jesús, tampoco es posible en Cristo, que el amor y el perdón se disocien. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios (1 Jn. 4:7) y el que aborrece a su hermano es homicida; y ningún homicida tiene vida eterna. (1 Jn. 3:12). El que perdona es semejante a Dios, porque solo un corazón lleno de Cristo es capaz de amar y perdonar, aun al peor enemigo.  No hay pretexto para no perdonar; nada que esto, y nada que lo otro, porque Jesús nos enseñó que no hay ofensa que no se pueda perdonar, a menos que dejemos que los frutos de la carne gobiernen nuestras vidas (Gál. 5:19-20).

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨